
A los camaradas, al club de petancas que pronto me afiliaré, a mi grupo de chicas de la pisci, las de los cincuenta y tantos, con las cuales siempre es un placer hacer mantenimiento acuático. En definitiva a todas esas amigas que todavía seguimos diciendo que los treinta no se nos notan, – “Ayer me echaron unos veintidós”.
Tras realizar un profundo análisis de la situación por la que atraviesan nuestro cuerpo, mente y estabilidad emocional me llevará a declarar que nos hallamos en un momento de intensa propensión revolucionaria, del que van a derivarse profundas perturbaciones personales.
No cabe lugar la trascendencia del momento ni los peligros de este periodo revolucionario, porque quiérase o no, la fuerza misma de los acontecimientos ha de llevarnos a todas a sufrir las consecuencias de la perturbación.
El advenimiento de los tan temidos treinta ha abierto un paréntesis en la Historia normal de nuestro devenir. Derrocada la lozanía; vencida la mocedad de su trono, fácil será comprender que toda esta serie de acontecimientos habían de llevarnos a una situación nueva, a un estado de cosas distinto a lo que había sido hasta entonces la vida normal durante los últimos veinte nueve años, desde la pubertad acá.
Pero si los hechos citados fueron el aglutinante que nos condujo a destruir una situación anterior y a tratar de inaugurar un periodo distinto al pasado, los hechos acaecidos después han venido a demostrar nuestro ser vive un momento verdaderamente revolucionario.
Es, pues, la diferencia en ambos periodos bien apreciable. A poco que se medite se notarán las ventajas de uno u otro acontecimiento. Que cada una decida en cuál de las dos etapa se encuentra.
Que todas sientan la responsabilidad de este momento excepcional que vivimos. No olviden que así como el hecho de aceptar los treinta puede conducir al triunfo, y que cuando no se triunfa se ha de caer con dignidad, todo hecho esporádico de la aceptación conduce a la reacción.
Ahora que cada cual adopte la posición que mejor entienda. La mía ya la conocéis. Y firme en este propósito la mantendré en todo momento y lugar, aunque por mantenerla sea arrollada por la corriente contraria.